¿Porqué hay que seguir recordando el Holocausto?
| Centro Cultural Universidad Católica, 15 Ago 2000 | 763 visitas |
Artículos sobre el pueblo judío
Intervención de León Trahtemberg en el panel previo a la película “Los últimos días” (The last days) Dirigida por James Moll y producida por Steven Spielberg 15/8/2000, tuve la oportunidad de ver la película “Los últimos días” que veremos a continuación, porque quería que mi participación en este panel estuviera inspirada por el impacto de la propia película. Sentí que Moll y Spielberg habían logrado algo fascinante, usando el ABC de la pedagogía; es decir, empezar por lo concreto, la historia de vida de 5 sobrevivientes reales, para dejar que luego los espectadores puedan imaginar la totalidad del genocidio. Y creo que lo logra con creces
Esta película conecta al público con el horror del Holocausto, con suficientes imágenes documentales como para conectarse con la verdadera magnitud de los hechos, pero dejando el suficiente espacio de razonamiento como para seguir de cerca los testimonios y las preguntas que se hacen los protagonistas.
Es una película que refleja el terror y horror del Holocausto, pero a la vez muy humana, porque desciende al mundo de los afectos de los sobrevivientes para conocer sus razones y el origen de sus fuerzas para seguir viviendo. Quizá el argumento más poderoso es la de aquella señora que relata cómo llegar a ver nietos de su descendencia significa el retorno a la vida.
Es una película muy familiar porque nos habla de la ciudad, de los padres y hermanos, de los vecinos, del tendero, del maestro, del policía, del alcalde, del chofer, la mayor parte de los cuales de la noche a la mañana desconoció su amistad y cordialidad con los judíos, para convertirse en crueles enemigos. ¡Qué jugadas juega la vida! ¡Ver convertido al mejor amigo en el peor enemigo!
Es una película didáctica. Le enseña a la gente los hechos y le ayuda a reflexionar sobre estos hechos. Enseña también a no transar con el mal y con la impunidad.
Recuerdo que en una oportunidad en que participé en una charla sobre el Holocausto uno de los oyentes me preguntó ¿porqué siguen dándole cuerda al tema del Holocausto? ¿Porqué no olvidar y perdonar? ¿Porqué ese deseo de venganza?
Le respondí que no se trataba de venganza, aunque la entendería. Se trataba de justicia. Cuando un delincuente comete un crimen la sociedad lo sanciona, pero no por venganza, sino por justicia, porque las personas deben pagar por las consecuencias de sus actos. Cada vez que recordamos el Holocausto hacemos justicia con las víctimas inocentes. Pero hay otras razones para recordar
Recordamos el Holocausto porque nuestros muertos merecen de nosotros cuando menos un kadish. El plan nazi era condenar a los muertos judíos al anonimato de las cenizas no enterradas. Honrar su memoria es un acto de justicia, que permite devolverle nombre, apellido e identidad a cada una de las víctimas, y eso exige recordar.
Recordamos el Holocausto porque al recordarlo tocamos las partes más oscuras de la historia de la humanidad y del hombre, que siempre hostilizó y persiguió al diferente, que procuró someter o eliminar a las minorías, que fue intolerante con quienes pensaran diferente.
Recordamos el Holocausto porque no podemos aceptar la tesis que sostiene que para que unos vivan bien, los otros tienen que morir.
Recordamos el Holocausto porque es nuestro aporte a la humanidad. Si las víctimas no recuerdan, los victimadores no recordarán. Son las víctimas de Pol Pot, Saddam Hussein, Pinochet, Videla, Abimael Guzmán, y ahora los dolientes de la AMIA los que deben recordar si quieren lograr justicia y prevención.
Son las víctimas de Hítler las que deben recordar, porque los nazis harán todo lo posible para distorsionar, olvidar y que otros olviden.
Recordamos el Holocausto porque ello tiene un enorme valor preventivo: sin este episodio no habría tenido su Partida de Nacimiento en la versión que hoy conocemos, la Declaración Universal de los Derechos Humanos del año 1948, que no por casualidad es también el año en que nace el Estado de Israel.
Recordamos el Holocausto para hacer justicia a gentiles como Raoul Wallenberg quien arriesgó su comodidad de diplomático sueco y su propia vida para ayudar a su prójimo judío en aprietos, logrando salvar decenas de miles de vidas humanas, dejando un testimonio histórico de lo que se puede lograr contra la adversidad cuando los principios prevalecen sobre las conveniencias.
Recordamos el Holocausto, porque con ello sacudimos la conciencia de los cristianos y miembros de otras confesiones, que a partir de la constatación de las tragedias que ocasiona la intolerancia religiosa revisaron su relación con el pueblo judío.
Recordamos el Holocausto porque aún no terminó. El neonazismo es el hijo legítimo del nazismo, que levanta cabeza y se abre paso aprovechando el olvido y la indiferencia.
Recordamos el Holocausto para no dejar de preguntarnos las preguntas sin respuesta, como la del sobreviviente húngaro que verán en la película preguntándose porqué si Hítler en 1944 ya sabía que iba perdiendo la guerra, distrajo trenes, oficiales y pertrechos para acelerar la deportación de los judíos húngaros que aún no habían sido enviados a Auschwitz.
Recordamos el Holocausto porque con eso le damos una razón para vivir a los sobrevivientes que reconstruyeron sus vidas. Porque eso le da una historia y una memoria a cada uno de los hijos y nietos del segundo matrimonio de los sobrevivientes del Holocausto, para los cuales tener descendencia se convirtió en una misión de vida, una expresión de lealtad para los muertos, y una respuesta rebelde y digna a los designios del nazismo.
En lo personal recuerdo el Holocausto porque yo estuve allí. Porque soy cada uno de los muertos, y soy cada uno de los sobrevivientes. Si Hítler y los nazis hubieran completado su plan, yo no estaría aquí hoy. Cuando un sobreviviente habla de que perdió a su familia, que ante sus ojos le arrebataron sus hijos para aniquilarlos, yo pienso en mis hijos. También mis hijos estuvieron allá. Estuve allí. Estuvimos allí. Estamos recordando a nosotros mismos.
