Pro y Contra: uniformes escolares

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El uniforme escolar es uno de esos temas discutibles que define la concepción educativa de cada institución. Su uso parece expresar la expectativa institucional de que el individuo renuncie a su individualidad y que deje de lado sus propios criterios personales y estéticos a favor de los que define la institución. Sus partidarios piensan que influye en las conductas o actitudes de los estudiantes y   también en la forma que los profesores perciben a los alumnos, evitando prestar  atención a las diferencias individuales.

 

También se usan criterios económicos ó sociales, al  señalar que ello reduce la exigencia en los jóvenes de tener disponible una mayor variedad de prendas de vestir para evitar la competencia por mostrar la ropa de moda que perjudica a los  menos pudientes.

 

En el otro lado de la cancha están quienes piensan que el tema de los costos podría entenderse también en el modo inverso (aliviar a los padres de la compra anual de uniformes). Además el hecho de uniformizar la vestimenta de los alumnos no anula el reconocimiento de las diferencias en capacidades económicas que se evidencian por el hecho de que unos tienen útiles de escritorio más finos, o viajan al extranjero, o disponen de chofer para su movilidad, o tienen piscina en su casa, etc. Asumir que el uniforme ocultará las diferencias es poco convincente. 

 

A ellos se suma el reputado psicólogo educacional Alfie Kohn, quien sostiene que  los uniformes ayudan a circunvalar, más que encarar frontalmente, las diferencias personales y los prejuicios de los profesores. Un profesor que trata a los alumnos de acuerdo a su vestimenta, llevará a su relación con los alumnos muchos otros prejuicios igualmente irracionales y contraproducentes sobre raza, sexo, nivel socioeconómico, apellido u otros, que no tienen nada que ver con la vestimenta.

 

En lo personal prefiero que el respeto a la diversidad de la población escolar también se exprese en la vestimenta, con solo unas pocas limitaciones para evitar situaciones extremas (ya que el colegio no es una playa ni una discoteca), pero con un margen importante para que el alumno o alumna elijan cómo vestirse, sobre todo en una sociedad con tanta tradición autoritaria, uniformadora y dictatorial como la peruana, en la que esta flexibilidad juega un rol psicológico educativo y liberador adicional.

 

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