40% depende de los Colegios

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La investigación educacional en los países del primer mundo recibe un fuerte impulso de los datos de la realidad recogidos generalmente a partir de pruebas nacionales estandarizadas y más recientemente pruebas internacionales con las PISA. En las últimas dos décadas ha habido muchos más trabajos comparativos entre escuelas tanto a nivel nacional como entre países. Ocurre que la frustración de buena parte de los países del primer mundo respecto a los pobres resultados de la educación escolar a pesar de las crecientes inversiones educacionales, ha motivado un creciente interés por investigar qué factores están presentes en las escuelas eficaces, es decir, aquellas que logran que sus alumnos alcancen los mejores desempeños en las pruebas estandarizadas y en el prestigio social que les otorgan las comunidades educativas por sus logros. Habida cuenta que estas investigaciones son muy escasas en el Perú, podemos usar por analogía las conclusiones que emergen de investigaciones hechas en EE.UU. y en países similares al Perú como Chile, Argentina y Colombia. Estas investigaciones demuestran dos cosas principales. Una, que el desempeño de los alumnos depende de la suma de los factores socio-familiares no escolares con los factores propiamente escolares, y otra, que a igualdad de condiciones socio-familiares, en América Latina una escuela puede lograr hasta 40% más de rendimiento de los alumnos respecto a escuelas similares (el 60% restante depende de los factores socio-familiares). En Europa, ese porcentaje se reduce a 20% y el 80% depende de los factores socio-familiares, porque las escuelas son más homogéneas. (José Joaquín Brunner y Gregory Elacqua, Inversión en el capital humano 15/06/2003 El Mercurio y J. Zubiría Revista Magisterio # 4 Agosto/set 2003) Los factores socio familiares no escolares más relevantes son la ocupación, ingreso y nivel educacional de los padres, la infraestructura física del hogar y el grado de hacinamiento, los recursos educativos del hogar (libros, diccionarios, escritorio, computadora), el clima afectivo, el capital social de la familia, vecindario, comunidad y los pares, la alimentación y salud durante los primeros años de vida del niño, las prácticas de socialización temprana, el desarrollo lingüístico y régimen de conversaciones en el hogar, las rutinas diarias, el desarrollo de actitudes y motivación, el acceso y calidad de la enseñanza preescolar, la armonía entre los códigos culturales de la familia y la escuela, las estrategias de aprendizaje y conocimiento previo adquiridos, la comunicación familia-escuela, el involucramiento familiar en las tareas escolares y el uso del tiempo en el hogar y durante las vacaciones. Es decir, son todos aquellos aspectos que abonan en la formación del capital cultural y social de partida con el que los niños llegan a la escuela. Los factores propiamente escolares son: tener profesores que conozcan bien las materias a enseñar, tener biblioteca escolar, suficiente tiempo dedicado a la enseñanza, el tamaño del colegio, la frecuencia de las tareas hogar, monitoreo frecuente del alumno, la calidad de la infraestructura, disponibilidad de textos, el tiempo de preparación de clases, capacitación docente en servicio, poseer docentes con educación superior, la experiencia de los docentes, los años de escolarización de los profesores, el gasto por alumno, poseer laboratorios de ciencias, el tamaño de las clases y el nivel salarial de los profesores. Es decir, son todos aquellos aspectos cuya provisión depende directamente del sistema educativo. Todo esto implica que mientras no se eleve el nivel de vida de los peruanos pobres siempre estarán en desventaja educativa frente a los más afortunados, aunque vayan a escuelas públicas excelentes. Sin embargo, dentro del espectro de los limitados logros posibles para los pobres, hay escuelas (como las de Fe y Alegría) que a igualdad de condiciones poblacionales y socioeconómicas son capaces de producir en sus alumnos resultados hasta 40% mejores que los alumnos que asisten a escuelas mediocres. Esto deja por delante dos retos inmediatos. Al estado, elevar el nivel de vida de las poblaciones más pobres para que los niños y jóvenes puedan sacarle un mejor provecho a su vida escolar y llegar a ser competitivos con los pares que vienen de hogares más solventes y acceden a colegios con más facilidades. La otra, que si se optimizan las condiciones de las escuelas públicas se puede lograr un salto inmediato en los logros de los alumnos que les permita avanzar en su vida educacional, en tanto se logra elevar el nivel socioeconómico general de la población peruana. Esta es una buena noticia para el mundo de la educación, porque muestra que la escuela sí puede hacer la diferencia.