Imaginemos que el Ministerio de Educación publicara los resultados de colegios rankeados por orden de puntajes obtenidos por sus alumnos en las pruebas nacionales censales. Estamos hablando de 77,000 colegios peruanos, incluyendo 23,000 unidocentes y polidocentes multigrados (entre los 35,000 rurales), comprendiendo 54 mil instituciones educativas en el sector Público y 23 mil en el Privado.
Los resultados continuos de las ECE muestran que los colegios privados más consolidados sacan mejores puntajes que los públicos urbanos y otros privados, estos mejor que los urbano-marginales y estos mejor que los rurales quedando en último lugar aquellos en los que se habla una lengua nativa que no es el castellano. Hay una clara segmentación por razones socioeconómicas independientes de la calidad de la escuela. Dicho sea de paso, eso se replica en todos los países del mundo subdesarrollado y emergente.
Supongamos que uno de esos colegios recibiera la noticia de que “está en el puesto 73,450”. ¿Qué incentivo produce esto en las familias y alumnos que acuden a ese que es el único colegio disponible para ellos en su distrito? ¿Tiene sentido seguir aplastando a los más pobres del Perú enrostrándoles públicamente cuán mal están en su educación? En un ranking de 77,000 colegios ¿cuántos son “ganadores” y cuántos “perdedores”?
Lo que tendríamos es una decena de colegios que se sentirán ganadores -digamos los 100 primeros- y decenas de miles de perdedores que verán golpeada su autoimagen y autoestima. Junto con ello, se instalará una obsesión por mejorar la ubicación del colegio en el ranking lo que convertirá a los colegios en academias de preparación para el examen nacional. Adiós educación integral, que intenta tener algo de calidad.
Agreguemos a eso que el ranking estaría considerando apenas una fracción de todos los componentes importantes de una buena educación, pero que como se difíciles de evaluar y medir se dejan de lado y quedarán más opacados aún mientras más se sobrevaloren aquellas que sí se miden y publican.
Esta penosa situación es la que traería la aplicación del pedido del 7/1/2014 de Corresponsales.pe al MINEDU de los resultados de la Evaluación Censal de Estudiantes de 2do grado de primaria, vía un pedido de información pública, apelando a la Ley de Transparencia y Acceso a la Información Pública que permitiría saber cuánto están aprendiendo los escolares según el colegio de procedencia. Hasta ahora el MINEDU ha entregado a cada colegio sus resultados junto con los resultados generales incluyendo la posición relativa de cada colegio respecto a sus pares socioeconómicos (sin identificarlos), pero no se publica la información detallada sobre la identidad de los colegios participantes y sus puntajes.
Puedo entender la buena intención de los solicitantes, pero no estoy seguro que apelar a esta transparencia en aras de darle información a los padres en la forma de rankings e inevitables comparaciones entre colegios, contribuya a mejorar en modo alguno la calidad de la educación peruana, que supongo que es el objetivo de los solicitantes.
En oposición a este pedido Ricardo Cuenca (IEP) sostiene que la evaluación estandarizada del rendimiento de los estudiantes fue creada para monitorear el sistema educativo, tener información, diagnósticos y que cada colegio reciba retroalimentación y rinda cuenta a sus padres de familia. La idea publicar los resultados desagregados por colegios no genera ningún cambio en los resultados. Los pervierte con rankings que producen frustración entre los estudiantes y docentes.
También se opone al pedido Manuel Bello Domínguez (UPCH) porque los resultados de una prueba en 2do. grado dependen de varios factores, escolares y extraescolares. Además, la publicación de rankings de escuelas ha tenido efectos nefastos en los sistemas escolares de otros países… no es el rol del estado promover la competencia ni propiciar la descalificación de escuelas con bajos resultados debidos a factores ajenos a su control.
Obviamente estoy en la línea de Ricardo y Manuel contra esta solicitud que consideramos atenta contra el bienestar de los alumnos, que es un fin supremo de la Educación Peruana.
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