A propósito de las externalidades negativas, el caso de las ECE

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Los economistas que justifican el aumento del ISC a las bebidas azucaradas señalan que eso se debe a que el estado debe desalentar vía mayores costos por impuestos la producción de externalidades negativas, que son aquellos efectos negativos que recaen sobre otros cuando una persona realiza actividades que aparentemente corresponden a su esfera particular pero que afectan a terceros. Por ejemplo la persona que depende de los servicios estatales que por el consumo de azúcar sufre enfermedades propias de la obesidad, cardiovasculares, diabetes, etc. requerirá luego atención médica, hospitalización, etc. que es un costo que lo tiene que asumir la sociedad en su conjunto con sus impuestos o mayores tarifas del seguro. 

Quizá sea oportuno hacer notar un caso de externalidades negativas en el campo de la educación, específicamente el que produce la aplicación de las evaluaciones censales de los alumnos (ECE) que según el Minedu traen consigo el beneficio de conocer el nivel de aprendizaje de los alumnos en las áreas curriculares evaluadas como información necesaria para impulsar los mejores desempeños de los escolares. 
 
Sin entrar por ahora en la discusión sobre el inadecuado formato de las pruebas y conceptos de evaluación de aprendizajes significativos que inspiran a los diseñadores de esas pruebas, vamos al tema de su aplicación y uso posterior. 
 
1). Si una buena muestra produce la información que requiere el Minedu para retroalimentar su diseño curricular, materiales didácticos, capacitación docente, ¿qué sentido tiene el derroche de dinero y gestión administrativa para hacer pruebas censales?

2). Si el Minedu quiere darle a los colegios herramientas de autoevaluación de los avances institucionales particulares, basta con crear un banco de pruebas “estandarizadas” de todas las áreas curriculares, que estén colgadas en la web ministerial, para que cada colegio escoja las pruebas y grados en los que quiere aplicarlas, teniendo a la mano los indicadores de desempeño que el ministerio recogió en sus evaluaciones muestrales.
 
3). Aplicar pruebas censales para conocer el desempeño de cada alumno y luego sacar conclusiones sobre ese alumno tiene márgenes de entendimiento del caso personal y de error muy grandes, porque los contextos particulares en los que cada alumno rinde la prueba, sus condiciones emocionales, sus rutas de aprendizaje previo, la motivación por contestar las preguntas de las pruebas, etc. por ser descontextualizadas hacen inútiles buena parte de los resultados. Si a eso agregamos que esos resultados etiquetan a cada alumno (satisfactorio, en proceso, no satisfactorio), así como al colegio (por su ubicación en el ranking comparativo en la UGEL o Región), y esa información se entrega a cada alumno, maestro y padre de familia, lo que tenemos es una angustia colectiva en relación a esas pruebas y sus resultados, golpes a la autoestima de los alumnos que no logran resultados satisfactorios (la gran mayoría), todo lo cual termina distorsionando el sentido del aprendizaje escolar. Eso empuja a los colegios a convertirse en academias de preparación para esas pruebas, convierten a los profesores en el blanco de la presión de padres y directores por obtener mejores resultados (más aún con la bonificación salarial por parte del Minedu “a los mejores”), jerarquizan el mayor prestigio de unas áreas (las que se evalúan) en contra de las otras (que no se evalúan, o sea, las que se consideran menos importantes), y por último distorsionan el concepto de calidad educativa que se reduce a una equivalencia con los puntajes en esas pruebas.
 
Una total distorsión de los objetivos de la educación peruana como consecuencia de la aplicación de las pruebas censales. ¿A quién beneficia? A muy pocos (si a algunos). ¿A quién perjudica? Al conjunto del sistema educativo y su alumnado

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“Eliminar colegios por su desempeño en el Simce (Chile) es una aberración” (LT: acá tienen un ejemplo de cómo usar los puntajes de las ECE por cada escuela, de modo descontextualizado además, para asociarlas con la "educación de calidad" es socialmente tóxico y generalmente discriminador).