¿Cuál es la bandera social?

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Si asumimos que las cuatro columnas de opinión (en El Comercio) y los tres mensajes presidenciales (2006, 2007 y 2008) proyectan el pensamiento del presidente García, encontramos que tiene fe ciega en el chorreo: con buena economía, exportaciones, inversiones, reservas, normas laborales se generará empleo. Eso generará bienestar y dejará además algunos recursos en la caja fiscal para ocuparse más de la nutrición, salud y educación. Sin embargo, una sociedad con tantos excluidos como la peruana requiere de una decidida intencionalidad redistributiva por parte del Estado que debiera apelar a los medios más creativos, audaces y eficientes (incluyendo tercerizaciones) para dar a los peruanos excluidos acceso inmediato a los bienes y servicios que les den bienestar y oportunidades para salir de su pobreza. Por ello resulta frustrante que el gobernante no tenga visualizada esa prioridad, una ”bandera social“ que se sienta en sus discursos como el fin supremo de su gobierno. Jamás logrará levantar el malestar social si no se prioriza el derecho al desarrollo humano integral de todos los peruanos, convocados a compartir ese gran sueño nacional, que incluya priorizar la atención a la infancia (llegar a desnutrición infantil cero), apostar por la educación inicial para todos, comprometiéndose a poner la maquinaria del Estado al servicio de esos grandes objetivos nacionales. Una segunda fuente de malestar proviene de la incapacidad del presidente de integrar al 30% de peruanos que piensan como él con el 70% que piensan diferente. El Presidente en sus declaraciones ha descalificado sistemáticamente a los que piensan diferente a él llamando ”comechados“ a los profesores, ”vagos“ a los médicos, ”comunistas, contrabandistas y agitadores“ a los dirigentes de la CGT. A la vez, alaba la presencia de Montesinos en un spot aprista contra la CGT diciendo: ”Por más que sea un delincuente, por qué no creerle, si está diciendo la verdad“. Escucha a Montesinos, pero no al resto de los peruanos no apristas. Lamento que Alan García no se pusiera encima de estas posturas que crean un ambiente de ”Alan contra todos“ para convertirse más bien en ”Alan con todos“, que sea conciliador, concertador, articulador, capaz de conducir a los peruanos a un ”PACTO PARA EL 2021“ en el que participen todos los peruanos y evitar así sobresaltos políticos del 2011 y 2016. Si puede actuar amistosamente con Hugo Chávez y Evo Morales a quienes desprecia, ¿por qué no hacerlo con todos los peruanos que piensan diferente a él?