Los últimos en enterarse

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Hace un año vengo colaborando con Ediciones SM en la orientación a cientos de directores de colegios privados, mediante desayunos de trabajo en Lima y varias otras regiones del país, en los eventos tratamos diversos temas sobre gestión escolar.

 

Esto me permite acumular información para hacer algunos estudios empíricos sobre lo que está pasando en los colegios, tanto en aquellos que están muy sólidos, estables, creciendo en su convocatoria y prestigio, así como en aquellos que están en proceso de decadencia con pérdida de alumnos y fuertes críticas de los padres de familia.

 

Una de las cosas más llamativas en cuanto a los colegios que entran en decadencia, es que sus propietarios o directorios son los últimos en darse por enterados de los problemas que anteceden a la crisis terminal. Se parece al caso de los padres de familia cuyos hijos se drogan o son promiscuos sexualmente, cosa que toda la vecindad y las amistades conocen, menos los propios padres.

 

El día que se enteran, generalmente por el estallido de algún escándalo, descubren que ya es tarde y que su torpe ceguera fue su principal enemigo. No querer ver o no querer escuchar lo que muestran las evidencias objetivas y lo que otros saben convierte a sus directivos en enterradores de sus colegios.

 

Lamentablemente, algunos directorios o directores no tienen el interés o coraje para escuchar, y mucho menos para abrir los canales que les permitiría saber "qué dicen los usuarios". Allí están, por ejemplo, todos esos colegios tradicionales que un buen día descubrieron que muchos de sus alumnos habían fugado hacia los colegios preuniversitarios. Sólo entonces se preguntaron sorprendidos: ¿Cómo no nos dimos cuenta?

 

Por ello es que recomiendo a los directivos de los colegios conversar rutinariamente con profesores, alumnos, trabajadores, padres de familia, usar encuestas, focus groups, entrevistas a profundidad, etc., de modo que tengan encendida la alerta sobre las expectativas, quejas y sugerencias de todos aquellos que conforman la comunidad educativa. En este proceso, el director debería ser un acompañante permanente y el primer interesado en recibir esta valiosa información para retroalimentar sus planes y decisiones de política institucional.

 


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