(del León Pinelo): Alfonso Paz Soldán (q.e.p.d.)

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Constantino Carvallo, Arturo “zambo” Cavero, Armando Robles Godoy…  Cuando muere una persona apreciada y escucho los elogios póstumos, me invade la sensación de estar frente a un ritual inocuo de despedida de seres cuyo recuerdo se extinguirá con el paso de los días, como si no hubiesen existido... 

 

Me ha ocurrido recientemente ante la muerte del Dr. Alfonso Paz Soldán, el pasado lunes 6. Fue uno de los maestros y autoridades más emblemáticas del colegio “León Pinelo” entre 1949 y 1989 hasta jubilarse, ejerciendo paralelamente por 30 años la docencia en la nocturna del CEB José María Eguren.

 

Los integrantes de todas las promociones a su cargo incluyéndonos a mi esposa y a mí, mayoritariamente lo recordamos con mucho cariño y admiración por su lealtad pinelina, amor a los niños, calidad humana, docencia esmerada, sentir que se prolongó por años cuando los ex alumnos lo tuvieron como profesor y director de sus hijos en el mismo colegio. 

 

Cuando una persona querida como Alfonso Paz Soldán fallece, me pregunto  por el sentido que tienen nuestras vidas. Suelo pensar que todos deberíamos   preguntarnos frecuentemente a lo largo de nuestras vidas ¿en qué ha sido diferente el mundo gracias a que yo he existido?. Si la respuesta es “en nada”… que triste. Esa vida habrá sido prescindible. Si la respuesta es “hay más desgracias”… qué lamentable. Esa  vida hubiera sido preferible que sea prescindible. Pero si puedo identificar algo en lo que la humanidad es mejor –aunque sea gracias al impacto positivo en una persona-, esa vida habrá tenido sentido.

 

En el caso de Alfonso Paz Soldán la respuesta es abundante y abrumadoramente positiva. Cientos de alumnos, colegas, trabajadores y padres de familia han sido tocados por Don Alfonso, y no pocos se convirtieron  en personas mejores gracias a su intervención. Era ese tipo de persona que actuaba usando la máscara de la seriedad y la autoridad estricta, incomodando a veces a sus interlocutores, quienes luego solían reconocer el alma noble, sensible y generoso que sostenía a este notable educador y consejero.

 

Misión cumplida, don Alfonso Paz Soldán. Gracias y q.e.p.d.