Marcos Gheiler (Z"L): La columna que llega tarde

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Cuando me reuní con Marcos Gheiler (ZL) hace dos semanas, si bien me adelantó que debido a su enfermedad terminal no creía que le quedara mucho tiempo de vida, prometí visitarlo nuevamente. Yo tenía la expectativa de hacer previamente público mi aprecio por él en mi columna de Correo, que él siempre leía, pensando que podría servir de motivación para que todos aquellos que tuvieran pendiente una conversación o un reconocimiento, tuvieran la oportunidad de hacerlo personalmente estando él con vida. Me apena que esta columna llegara una semana tarde.

Marcos dejó profundas huellas en las vidas de los leonpinelinos, en los que impactó en los 25 años que fui director, durante los cuales me asesoró con honestidad, acierto, amistad y lealtad. Lamentablemente, los que vinieron después no valoraron del mismo modo la importancia de retenerlo para que siga cuidando la salud mental de su alma máter. Sin embargo, este gran promotor de la aplicación del sicoanálisis a la educación siguió formando exitosamente sicoterapeutas, sicólogos y tutores escolares en otras instituciones en las que trabajó.
Marcos no necesitaba homenajes, pero los merecía. Él se ha ido en paz consigo mismo y con las personas con las que interactuó en su vida. Él sabía bien lo que pasaría una vez fallecido, con quienes fueron indiferentes a reconocerle su valiosísimo trabajo en vida, y que eventualmente ensayarían un diplomático epitafio. Después de todo, Marcos conocía la mente humana, sus capacidades, temores, envidias y traiciones.

Era escéptico y a veces pesimista con respecto al futuro de las sociedades, si no aprendían a lidiar con esa vocación autodestructiva. Pero era un incansable luchador por la educación como vía para la construcción de una sociedad mentalmente sana.

Marcos creía en su esposa, hijos y nietos. Creía en su fuerza e inteligencia, en sus capacidades para sobrellevar momentos difíciles. Se ocupó de despedirse y cerrar el círculo de la vida con sus familiares, amigos, pacientes y discípulos, para irse en paz y dejarlos a ellos en paz.

Recordaré agradecido a Marcos como uno de los hombres que más influyó en mi vida personal y profesional.
 
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