Disconductas por la nueva presencialidad

Atención, se abre en una ventana nueva. PDFImprimirCorreo electrónico

Correo 08 10 2021

La columna sobre el estrés en las escuelas debido al retorno de los estudiantes regresan de Kalyn Belsha, Chalkbeat (mindshift 27/09/2021) nos alerta de algo que deben tener muy presentes los docentes, y son los efectos socioemocionales de los retornantes a la presencialidad 

Han aumentado los comportamientos disruptivos. Algunos son muy obvios y visibles, como estudiantes que destrozan los baños, o se pelean física y verbalmente por cualquier pretexto o por publicaciones en las redes sociales. Cualquier empujón se convierte en un gran pleito. Es como si se hubieran olvidado de cómo socializar. 

Otras conductas son llamadas de ayuda más silenciosas, con estudiantes que se niegan a hablar. Esto se hace más pronunciado en alumnos que han sufrido una pérdida dolorosa o discriminación en el acceso escolar por razones económicas. Los padres se muestran preocupados por la menor paciencia de sus hijos. Se trata de una prolongada transición de cambio de hábitos, rutinas, horarios y vida social que tiene sus propias reglas.

Si las necesidades de hablar de los alumnos son frenadas lo que harán es actuarlo con disconductas.

Para los maestros explicar las reglas de convivencia escolar es un reto adicional, porque son distintas a las del año previo. Además, es difícil demandar que mantengan la distancia social o el uso de mascarillas, en un ambiente en el que se combinan alumnos despreocupados con otros que tienen mucho temor a que los contagie el virus.

Muchos educadores también están nerviosos por la escasez de personal y el agotamiento de la cuarentena, dejando a muchos con menos paciencia necesaria para reducir los conflictos estudiantiles. Se les pide que apoyen emocionalmente a los niños y sus familias, pero ellos mismos han pasado por el trauma de la pandemia.

Pero no en todos los colegios es así. En algunos no ha habido estas conductas y en cambio han visto una mejora en el comportamiento, ya que los estudiantes recuperan la estructura y los horarios que no tenían el año escolar pasado. Sus colegios han planificado actividades para una mejor acogida y sus líderes están adoptando un enfoque más empático, incorporando más tiempo de inactividad en los horarios diarios. Aunque están alertas de que puede ser una "fase de luna de miel", están dispuestos a ajustar la cotidianeidad en función de las necesidades de los estudiantes, más que para regirse rígidamente a los planes de estudio pre existentes. Y con ello les va bien. 

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