Una de las razones por las que la educación peruana anda tan mal y sin perspectivas de mejora a la vista, es que no aprendemos de la medicina. Cuando una persona tiene un tumor maligno con cáncer y no se lo hace extirpar, este se expandirá hasta producir la muerte del enfermo. Esta alusión a la enfermedad pretende decir que la sociedad peruana, cuya educación está enferma, prefiere la agonía terminal de su educación porque aún no tolera el desastroso diagnóstico ni la idea de la cirugía radical. Todavía vive con la ilusión de las soluciones mágicas no traumáticas que pueden revertir sin dolor lo malo para convertirlo en bueno. No entiende que hay planteamientos imposibles de satisfacer en un país del tercer mundo y sus líderes, en lugar de decir estas cosas sinceramente, lo que hacen es presentar demagógicamente las alternativas de acción como si fueran simultáneamente posibles, cuando muchas veces son excluyentes. Veamos algunas de ellas.
Dada una cantidad limitada de dinero, siendo evidente que resulta imposible la educación estatal gratuita de calidad con equidad para todos los peruanos, los decidores deberían escoger entre acentuar la cantidad de alumnos atendidos o la calidad del servicio ofrecido. Así mismo elegir entre la estabilidad laboral magisterial perpetua (que protege al maestro displicente e ineficaz) o la superación docente continua y con incrementos remunerativos meritocráticos (que protege y premia al buen maestro); entre la inversión estatal adicional en la infancia o la que se hace en educación superior; entre el centralismo normativo o la autonomía escolar; entre el estímulo al crecimiento de la educación privada autofinanciada o la expansión de la educación pública financiada por el estado; entre los derechos del profesor deficiente o el bienestar del alumno afectado por un mal profesor; entre el avance apresurado de los programas escolares por parte de los profesores presionados por acabarlo y el entendimiento de los contenidos del programa por parte de los alumnos. Muchos peruanos prefieren la ilusión de pensar que es posible lograr todos los beneficios sin afectarse con los perjuicios y sacrificios requeridos, por eso es que todo el tiempo acumulamos fracasos.
La “Ley de Educación” que aprobó el Congreso y las propuestas del Sutep al Congreso y al Ministerio de Educación que se convirtieron en “el acuerdo de los 40 puntos” están contaminadas por la misma enfermedad de querer todo sin sacrificar nada, y a suponer que se cuenta con un presupuesto infinito en el que todos sus componentes pueden aumentar sin que ninguno disminuya. Por ejemplo, frente al presupuesto educacional finito que actualmente atiende parcial y deficientemente a niños de 5 a 18 años de inicial, primaria y secundaria estatal, invirtiendo 220 dólares anuales por niño, y que además financia buena parte de la educación superior (exceptuando los 250 millones de soles que algunas universidades han logrado recaudar de los alumnos en función de su nivel socioeconómico), la nueva ley quiere extender la gratuidad al resto de los niños de 0 a 5 años y a la vez prohibir los cobros a la educación superior hasta completar el primer título universitario. Es decir, que los 2.5 millones de contribuyentes mantengan a unos 12 millones de usuarios de la educación pública gratuita, con lo que bajaría la inversión por alumno a menos de 150 dólares anuales, que es 1/30 de lo que gastan los países desarrollados. No hay forma que esa estrategia mejore la calidad.
Otro ejemplo. Tenemos muchos profesores que egresan de los institutos y facultades de educación sin dominar la disciplina que van a enseñar. También tenemos en los colegios severos problemas de gestión y falta de atención psicológica de alumnos con problemas emocionales, sociales y de aprendizaje. A la vez, tenemos decenas de miles de profesionales desempleados de la administración y la psicología, y otros graduados en historia, lingüística, matemáticas, ciencia, informática, tecnología, que podrían incorporarse a la carrera docente con alguna capacitación previa en pedagogía. Sin embargo, la legislación vigente se los impide, desperdiciando valiosos recursos humanos existentes en el Perú.
Me pregunto si el gobierno no debería avanzar en el tema de la emergencia educacional planteando una reforma de la gestión y financiamiento de la educación, incluyendo una nueva carrera docente con incentivos para el desarrollo profesional, creando las condiciones para relanzar la educación peruana. De lo contrario, me temo que se seguirá haciendo más de lo mismo por muchos años, así sea gastando algo más, sin que eso nos lleve a mejorar la calidad de la educación de los niños y jóvenes del Perú.

 

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