Una emergencia sin urgencia

Atención, se abre en una ventana nueva. PDFImprimirCorreo electrónico


Add this to your website

El 18 de julio del 2003 la PM Beatriz Merino declaró en Estado de Emergencia la educación aludiendo al déficit de infraestructura adecuada y el pobre rendimiento de los alumnos en lenguaje y matemáticas. El 28 de julio el presidente Toledo prometió que tendríamos un plan de emergencia antes del 1ero de diciembre. Recién el 25 de enero del 2004 el Ministro Carlos Malpica hizo circular un documento denominado “Programa Nacional de Emergencia Educativa 2004” sobre el cual conversaremos con nuestro entrevistado habitual para temas educativos, profesor León Trahtemberg.

T de M: ¿Porqué esta en emergencia la educación peruana?

Porque los alumnos peruanos que asisten a la escuela pública y buena parte de la privada no logran ni remotamente los objetivos que el estado se propuso al crear el sistema educativo. La prueba internacional PISA muestra que los jóvenes peruanos de 15 años no comprenden lo que leen ni saben hacer cálculos aritméticos básicos. Esto repite resultados que ya se conocían desde 1997 con ocasión del “Laboratorio de Medición de la Calidad de la Educación” llevado a cabo por UNESCO, así como en múltiples pruebas nacionales aplicadas a jóvenes entre 4to de primaria y 4to de secundaria. Es casi como si no hubieran ido al colegio. Para ellos la educación les ha significado una estafa, una malversación de miles de horas de clases y de trabajo escolar, con las cuales no han logrado casi nada.

T de M: Por qué hemos llegado a esta situación?

Para explicarlo me gusta usar la analogía con la medicina. Si una persona que tiene un tumor maligno y no se lo hace extirpar, se expandirá hasta producir su muerte. A veces daría la impresión que la sociedad peruana prefiere la agonía terminal de su educación porque no tiene el coraje para aceptar un diagnóstico desastroso, ni la idea de tener que encarar una cirugía radical. Prefiere vivir con la ilusión de que hay soluciones mágicas que no son traumáticas y que pueden revertir lo malo sin dolor, para convertirlo en bueno. Por su parte los legisladores que deberían legislar con la debida visión de futuro tienen tal voluntad de “quedar bien con todos” que se sienten tentados a prometer todo aunque no tengan la capacidad de cumplirlo, tal como ha ocurrido por enésima vez con la nueva Ley General de Educación. Promete calidad, gratuidad, equidad, inversión mínima por alumno, priorización de la educación rural, apoyo de los medios de comunicación, acreditación de instituciones educativas, articulación intersectorial, autonomía escolar, rendición de cuentas, garantía de idoneidad docente, liderazgo del director... pero sin anunciar medidas drásticas ni sacrificios que hagan posible todo lo anterior. Prescribe que se destinará el 6% del PBI a la educación y que se extenderá la obligatoriedad a la educación inicial, pero sin establecer metas, plazos y compromisos económicos precisos para cumplirlos.
¿Ud. cree realmente que se va a cumplir? Yo creo que no.

T de M: ¿Para qué entonces declarar la emergencia de la educación peruana?

Creo que la declaratoria de emergencia de la educación anunciada por la Primera Ministra Beatriz Merino -quizá sin querer- forjó la oportunidad para crear las condiciones para romper el estancamiento y permitir que se establezcan metas, acciones, normas legales, plazos, indicadores de logro y compromisos económicos que viabilicen una reforma, de modo que en un plazo de 18 meses se obtengan evidencias de que se revirtió la agonía de la educación peruana.

T de M:Entonces, en su opinión, ¿qué debería haber incluido esta emergencia?

Podría incluir evaluar de inmediato la capacidad lectora y aritmética de los docentes y alumnos de los diversos grados, focalizar los objetivos de los programas y materiales didácticos a usar en el año 2004 para que apuntalen estas habilidades, y mientras tanto declarar una moratoria curricular para que no se pretenda cambiar el currículo antes del 2005. Mientras, capacitar a los profesores para que encaren la enseñanza con una formación renovada, a cambio de las próximas mejoras en su remuneración.

T de M: ¿Es eso lo que ha sugerido el Ministerio de Educación con el “Programa Nacional de Emergencia Educativa 2004?

Ni remotamente. Lo que han producido es un extenso y complejo documento, que lo único que hace es girar como trompo alrededor del mismo plan de acción de ministerio para 5 años, en todas las áreas, sin focalizar en absoluto en lo esencial.
Quizá una ejemplo ficticio pueda ayudar a entender la torpeza con la que se hacen estos documentos, que son el resultado de los planes de burócratas ministeriales que no logran comportarse como ejecutivos, que es la razón por la cual tantas veces he insistido en darle a las escuelas los mayores niveles de autonomía para una gestión eficaz. Imaginemos que ocurre un terremoto con cientos de muertos y viviendas destruidas. Un ejecutivo con autoridad e iniciativa enviaría de inmediato médicos y cuadrillas de trabajadores por aire y tierra, para atender de inmediato a los heridos y damnificados, ocuparse de los fallecidos, instalar carpas con alimento, medicina y ropa para proteger a los damnificados, mientras se evalúan los daños y las soluciones alternativas. La analogía con la manera como ha actuado el ministerio sería la siguiente: ordenar la creación de un instituto para la medición de los daños producidos por los terremotos; formular una ley para establecer las previsiones a tomar en caso de que se presenten emergencias por terremotos; crear un colegio de especialistas en medición de terremotos; crear un fondo para atender las contingencias que produzcan los terremotos; convocar especialistas para formular un plan nacional de prevención de terremotos; etc. Pero ¿qué se hace de inmediato con los damnificados del terremoto? Nada. Tienen que esperar a que los planes estén listos en 6 meses.

T de M:¿A qué se debe esta falta de reflejos para tomar acciones inmediatas?

Si se leen con cuidado las medidas anunciadas por el Ministerio de Educación, se observará claramente un enfoque burocrático y planificador, desconectado de la realidad escolar y con muy escasa acción ejecutiva. Cuando en la Alta Dirección del Ministerio de Educación se juntan planificadores y asesores sin capacidad ejecutiva, el ministerio se convierte en una cúpula de cristal totalmente desconectada de la realidad del aula, en la que se producen infinidad de documentos en lugar de prestarle atención a la acción práctica.
¿Alguien puede creer que las medidas burocráticas anunciadas en el Programa de Emergencia permitirán que a partir del 1ero de abril los 8 millones de alumnos peruanos mejoren sus capacidades de leer y calcular que son notoriamente deficientes? Yo estoy seguro que no. Mi sugerencia es que los directores y equipos docentes no esperen alguna indicación del ministerio y tomen por su cuenta las iniciativas necesarias para que al menos en su centro educativo se atiendan los problemas que originaron la emergencia. Suena inelegante pero es algo así como “no le hagan caso al ministerio y les va a ir mejor”.