La discusión generada en torno al nuevo sistema de pensiones de la PUCP trasciende el tema económico. Lo que está en juego es el tipo de universidad que el Perú quiere construir: una institución cada vez más selectiva y distante, o una capaz de combinar excelencia académica con sensibilidad social, transparencia, escucha activa y comparación de costos de estudiar en el extranjero. En tiempos donde el talento ya no depende del nivel de ingresos, las universidades tienen la responsabilidad de evitar que las barreras económicas terminen debilitando la diversidad y movilidad social que históricamente justificaron su prestigio y aporte al país.

La PUCP cambió su sistema de pensiones para los nuevos ingresantes desde 2027. Pasó de 9 escalas a un esquema de 8 niveles, con 4 escalas regulares y 4 modalidades de becas, y aclaró que los estudiantes actuales no serán afectados. Las becas Mac Gregor serán de tipo socioeconómico, mientras que las Lucet seguirán ligadas al alto rendimiento académico.

La protesta estudiantil ve la reforma como una barrera económica de entrada, porque sostiene que reduce los tramos más accesibles y eleva la pensión base. También hubo rechazo por la forma en que se comunicó la medida y por la sensación de que la comunidad estudiantil no fue escuchada lo suficiente.

Las protestas de los estudiantes disconformes no deberían ser vistas únicamente como una reacción emocional frente al alza de costos, sino como una oportunidad para replantear el modelo universitario peruano. Las universidades del siglo XXI ya no pueden limitarse a transmitir conocimientos; deben preocuparse también por la experiencia integral del estudiante, por su bienestar, por la transparencia de sus decisiones y por construir una comunidad donde el alumno sienta que su voz importa. Una universidad más orientada al “user experience” —al trato humano, la escucha activa y la confianza institucional— no solo mejora el clima interno, sino que fortalece al país formando ciudadanos más comprometidos, críticos y participativos.

También ha llegado el momento de que las familias peruanas hagan un cálculo más amplio y menos tradicional sobre el costo de la educación superior. Durante años se asumió que estudiar en el extranjero era inaccesible, cuando hoy existen alternativas competitivas en América Latina y especialmente en Europa, donde muchas universidades de alto nivel ofrecen costos similares —o incluso menores— que algunas universidades privadas peruanas, sumando además becas, internacionalización y mejores oportunidades de investigación y movilidad. Comparar seriamente calidad, costo, retorno profesional y experiencia internacional ya no es un lujo: es una decisión estratégica que merece ser evaluada con realismo y sin prejuicios.

https://www.facebook.com/leon.trahtemberg/posts/pfbid02QRaQG5VyndVaz5HSc6ZX1da3gKNr5pZQrUNbp8DAgeA18qFeZHWYrdN6PXgrYfEgl

https://www.facebook.com/permalink.php?story_fbid=pfbid037NEwxtTUFmTuwVJh9LHjZmWVZngb5gy6vmbcdD2z4KGqZSP6LKZJ6pRqEXcrGpkcl&id=100064106678628

https://x.com/LeonTrahtemberg/status/2055633506382811164

https://www.linkedin.com/posts/leontrahtemberg_pucp-entre-la-meritocracia-el-acceso-y-share-7461399590383124480-DbYC?utm_source=share&utm_medium=member_desktop&rcm=ACoAAAkvmwYBZH8TpEV1ZrZDmJuyzP8tJitqvQs