El uso de las pruebas estandarizadas SAT (Scholastic Aptitude Test del College Board) y ACT (American College Testing del ACT Inc.) en la admisión universitaria en Estados Unidos ha sido un tema de debate continuo. Durante la pandemia, se suspendieron temporalmente debido a la dificultad de administrarlas a distancia, pero ahora se discute su reintegración.

Los argumentos a favor de su uso se centran en la excelencia académica, argumentando que los puntajes en estas pruebas son predictores sólidos del éxito académico, promoviendo una competencia equitativa entre estudiantes de diferentes orígenes y contribuyendo a la diversidad en las clases. Además, se considera que los puntajes de las pruebas son más confiables que las calificaciones escolares y que restaurarlas podría abordar problemas de opacidad en el proceso de admisión.

Bajo ese concepto es que a fines de febrero varias universidades de elite anunciaron que regresarían a considerar los puntajes de las evaluaciones estandarizadas dentro de sus políticas de admisión: Yale, Dartmouth, M.I.T., Georgetown, Purdue

Sin embargo, los detractores argumentan que estas pruebas no evalúan habilidades no académicas importantes, presentan sesgos raciales y socioeconómicos, y pueden contribuir a desigualdad de oportunidades por razones económicas y de recursos. También se argumenta que no reflejan completamente la preparación y el potencial de un estudiante en áreas no evaluadas por las pruebas, lo que puede socavar el mérito en el proceso de admisión.

Dicho esto, ¿ustedes creen que una industria multibillonaria como la de las pruebas estandarizadas tipo SAT no usan lobbies y estrategias publicitarias para hacer creer que son herramientas fundamentales para evaluar el progreso de los alumnos y para tener las mejores opciones de entrar a la universidad? ¿Creen que estarían dispuestos a renunciar a esa mina de oro para ser coherentes con las evidencias de que no son la mejor opción para favorecer el aprendizaje de los alumnos? Cada alumno de Estados Unidos rinde más de 100 pruebas estandarizadas a lo largo de su vida escolar, desde 3er grado. Multiplíquenlo por las decenas de millones de alumnos…

Se imaginarán que lo que es considerado imprescindible en EE.UU. se exporta como idea mental a todos los países del mundo, incluyendo el Perú con su propia versión de evaluaciones censales. Confunden la necesidad de contar con estándares con la estandarización que es contraria al espíritu del respeto a las diferencias y la personalización del aprendizaje en función de los contextos, antecedentes y realidades de cada alumno o colegio. Lo más grave es que construyen un sentido común cargado ideológicamente para hacer creer que tener puntajes altos en esas pruebas es sinónimo de ser “buen alumno” o de estar en un colegio en el que hay educación de calidad.

Estas pruebas no reflejan la capacidad de pensar críticamente, opinar, argumentar y exponer puntos de vista diversos, resolver problemas complejos e intervenir constructivamente en la solución de conflictos, trabajo en equipo, y en general aquello que corresponde al dominio de las habilidades blandas. Todo eso debiera ser prioritario frente a los contenidos evaluados en esas pruebas, que por lo demás tienen formatos muy convencionales y limitantes. Lo peor del asunto, es que una vez que publican resultados, para vanagloria de unos y vergüenza de otros, no pasa nada, no se resuelven los problemas que supuestamente detecta, para lo que basta ver los puntajes que se repiten año a año en las áreas evaluadas. Esas pruebas, ni sus resultados, mejoran la práctica docente…

Lo que sí reiteran los resultados de esas pruebas -para lo cual son innecesarias- es que dependiendo de las condiciones del hogar de los alumnos se define buena parte de su futura ubicación en la escala de puntajes de estas pruebas. “Dime cuál es tu NSE y te diré en qué intervalo estarán tus puntajes”.

Así como un empleado orienta sus quehaceres profesionales para satisfacer las metas de la empresa, los alumnos tienen que orientar su aprendizaje al modelo de evaluación que habrá de definir su puntaje, que es como su sueldo del desempeño escolar. Permitir que pruebas cargadas de estereotipos, prejuicios, carga ideológica, problemas tipo que mecanizan, etc. determinen la orientación del aprendizaje escolar, resulta vergonzoso e inaceptable.

Cuanto maltrato acumulan los alumnos por su paso por la vida escolar… y para colmo, sobran las quejas de que los alumnos que salen del colegio “no saben nada” en términos de aquello que es relevante para sus vidas. ¿No bastarían ocasionales pruebas muestrales de diversos estilos para que el sistema reciba la retroalimentación que requiere sin que se conviertan en un etiquetador falso y tóxico de las capacidades de cada alumno?

En última instancia, la decisión de utilizar estas pruebas varía entre las universidades y se ve influenciada por factores políticos y sociales. Las políticas de admisión reflejan la ideología de una institución o sociedad, que en Estados Unidos tiende a centrarse en mediciones de pruebas estandarizadas y calificaciones académicas orientadas a la segmentación académica derivada de la estandarización, a menudo sin considerar otros talentos o aptitudes de los estudiantes que también contribuyen a su éxito profesional.

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Adjunto: muy buena charla e imágenes de estereotipación racista presentadas en TED por Tanishia Lavette Williams’s “The billion-dollar problem in education” https://www.ted.com/talks/tanishia_lavette_williams_the_billion_dollar_problem_in_education

 

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