Uno de los mejores ejercicios de pensamiento crítico y educación cívica para los estudiantes consiste en aprender a distinguir dónde termina el hecho y dónde empieza la interpretación. El pensamiento crítico no consiste en no tener ideología, sino en ser capaz de reconocer cuándo estamos describiendo un hecho y cuándo lo estamos interpretando. Los hechos existen. Las opiniones también. El problema aparece cuando las confundimos unas con otras.

Propongo como experimento invitar a los estudiantes a analizar algunos hechos desde distintas lentes ideológicas, para que se den cuenta de cómo un mismo hecho es interpretado según los anteojos ideológicos que se utilicen para mirarlo.

Hecho 1. El candidato Roberto Sánchez propone elevar la Remuneración Mínima Vital de S/ 1.130 a S/ 1.500.

El comentarista de derecha advertirá que un aumento por encima de la productividad puede elevar los costos laborales, reducir la contratación formal y perjudicar especialmente a las micro y pequeñas empresas.

El comentarista de centro preguntará si el incremento responde a criterios técnicos, como la inflación y la productividad, o si obedece principalmente a consideraciones políticas. También analizará quiénes ganarían con la medida y quiénes podrían verse perjudicados.

El comentarista de izquierda celebrará la propuesta como un acto de justicia social y sostendrá que ningún trabajador a tiempo completo debería recibir una remuneración insuficiente para cubrir sus necesidades básicas.

El hecho es uno. Las interpretaciones son tres.

Hecho 2. Keiko Fujimori propone restablecer el sistema de jueces sin rostro para enfrentar el crimen organizado y el terrorismo.

El comentarista de derecha sostendrá que el país necesita herramientas extraordinarias para enfrentar organizaciones criminales que amenazan a jueces y fiscales.

El comentarista de centro preguntará si esa medida sería compatible con la Constitución, el debido proceso y los estándares internacionales de derechos humanos, o si existen alternativas más eficaces.

El comentarista de izquierda afirmará que significaría un retroceso democrático al revivir un mecanismo que vulneró garantías fundamentales.

El hecho es uno. Las interpretaciones son tres.

Hecho 3. El Gobierno deroga las normas que incorporaban el enfoque de género en determinados documentos o políticas educativas, argumentando que busca fortalecer el rol de las familias y revisar los contenidos curriculares.

El comentarista de derecha celebrará la decisión y afirmará que el Estado deja de promover contenidos que, según su postura, corresponden al ámbito de la formación familiar y no a la escuela.

El comentarista de centro preguntará qué disposiciones concretas fueron derogadas, qué efectos prácticos tendrá la medida y si la decisión se basa en evidencia pedagógica o responde principalmente a un cambio político.

El comentarista de izquierda sostendrá que la derogación debilita políticas destinadas a promover la igualdad de oportunidades, prevenir la discriminación y combatir la violencia de género.

El hecho es uno. Las interpretaciones son tres.

Hecho 4. El Congreso aprueba una ley que permite la eutanasia bajo condiciones estrictamente reguladas para pacientes con enfermedades irreversibles y sufrimiento insoportable.

El comentarista de derecha sostendrá que la vida humana debe ser protegida desde su inicio hasta su fin natural y advertirá que abrir esta puerta puede debilitar ese principio y generar abusos.

El comentarista de centro preguntará cuáles serán los requisitos, los controles médicos y judiciales y las salvaguardias necesarias para garantizar que la decisión sea realmente libre e informada.

El comentarista de izquierda defenderá la ley como una ampliación de los derechos individuales y afirmará que toda persona debería poder decidir sobre el final de su propia vida cuando el sufrimiento sea irreversible.

El hecho es uno. Las interpretaciones son tres.

 

Lo más llamativo es que, muchas veces, antes de conocer los antecedentes o leer los documentos, ya podemos anticipar qué dirá cada comentarista. Con frecuencia ni siquiera espera conocer los hechos completos. Parte de una conclusión previa y luego selecciona los argumentos que mejor la respaldan.

Las ideologías son inevitables e incluso necesarias. Nos ayudan a ordenar nuestras ideas y valores. Lo peligroso comienza cuando asumimos que solo una es la válida y universal y que todos los que piensan distinto están equivocados o, peor aún, deben ser excluidos. Al hacerlo, dejamos de buscar la verdad para limitarnos a buscar confirmación de nuestras creencias.

Los hechos son tercos. Las interpretaciones pueden ser infinitas. La democracia necesita ideologías, pero también ciudadanos capaces de distinguir entre un hecho y el relato que se construye alrededor de él. Cuando esa capacidad se pierde, ya no discutimos sobre la realidad, sino sobre los relatos que construimos acerca de ella.

Si de verdad creemos que el pensamiento crítico es una competencia esencial para la libertad y la convivencia democrática, este podría ser uno de los ejercicios más simples y poderosos para practicarlo en cualquier aula.

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