En este mundo invadido por tecnología, factores nacionales como la cultura, el avance tecnológico de los servicios, disponibilidad de computadoras y niveles de vida y consumo de la población pueden marcar una mayor o menor familiaridad y valoración de la tecnología, así como una mayor o menor disposición a incorporarla en la vida profesional y familiar. Por ejemplo, países conservadores pueden ser más tecnofobos que países liberales; países pobres pueden ser más indiferentes a la tecnología (porque no la tienen cerca) que países ricos.

Este tema fue explorado en un lapso de dos años entre 1992 y 1994 por Michelle M. Weil y Larry D. Rosen. A pesar de que ya pasaron 14 años de la publicación, su aporte a la reflexión sigue siendo relevante como veremos a continuación.

Ellos recogieron información de 3,392 estudiantes de primer año de 38 universidades de 23 países respecto a su nivel de sofisticación tecnológica y su nivel de tecnofobia. La sofisticación tecnológica fue medida a partir del uso por parte de los estudiantes de tecnologías de consumo masivo como grabadoras de video, hornos microondas, cajeros automáticos, juegos de video; facilidades computacionales existentes en la universidad como computadoras en clases y bibliotecas; y finalmente si los estudiantes poseían computadoras de uso personal. La tecnofobia fue medida mediante instrumentos que medían los niveles de ansiedad computacional, el conocimiento de computación y las actitudes frente a la computadora.

Los resultados fueron publicados en la revista “Computers in Human Behavior” Vol 11, No. 1, pp. 95-133, 1995 bajo el título “A Study of Technological Sophistication and Technophobia in University Students From 23 Countries”.

El primer hallazgo fue que los países con altos niveles de tecnofobia (desde 100% hasta 50%) fueron (de mayor a menor) Indonesia (100%), Polonia, India, Kenya, Arabia Saudita, Japón, México y Tailandia; los de nivel intermedio de tecnofobia (entre 50% y 30%) fueron Grecia, Egipto, Irlanda del Norte, Argentina, Italia, España, Alemania, Australia, Rep Checa, Bélgica; y los de bajo nivel de tecnofobia (entre 30% y 12%) fueron Estados Unidos, Croacia, Hungría, Singapur e Israel. La edad no fue relevante, en cambio el género sí en 12 países, en los que de cada 3 tecnofobos dos eran mujeres. También se encontró que a mayor experiencia directa con computadoras menor tecnofobia.

Se descubrió que bastaban dos variables para establecer la máxima discriminación tecnofóbica entre los 23 países. Una de las variables era el nivel de experiencia en computadoras y tecnología, la cual se midió componiendo un promedio de las 10 experiencias en computadoras y tecnología antes descritas. La segunda era la tecnofobia, medida como el promedio entre la escala de ansiedad computacional y los indicadores en una prueba de acercamiento computacional.

Se encontraron cinco grupos de países que pudieron ser claramente diferenciados: los de baja a moderada tecnofobia con mucha experiencia de contacto con tecnología y computadoras: Israel, Singapur, EE.UU. y Australia. Los de baja a moderada tecnofobia y baja a moderada experiencia con tecnología: Croacia, España, Hungría, Alemania, Bélgica y Argentina. Los de alta tecnofobia con poca a moderada experiencia: Japón, Indonesia, India, Polonia. Los de alta tecnofobia con escasa experiencia computacional Arabia Saudita, Tailandia, Kenya, Egipto, Grecia e Italia. Finalmente los de moderada tecnofobia con moderada experiencia computacional: México e Irlanda (país que luego dio un gran salto tecnológico)

Después de una cuidadosa evaluación de los datos se encontró primero, que los dos factores que explicaban las diferencias entre países tenían que ver con la disponibilidad de la tecnología y computadoras en esos países. Así, una escasa o excesiva exposición a las computadoras y tecnología generaran disconformidad en quienes no accedía o accedían demasiado a la tecnología. Segundo, que las características culturales pueden llevar a los estudiantes a reaccionar de diferentes maneras ante la tecnología. Tercero, que la estructura política del país puede inhibir o alentar el uso de la tecnología, por ejemplo con la forma como orienta las inversiones. Cuarto, la manera y forma en la que la tecnología es introducida al sistema educativo puede influir en las reacciones de los estudiantes a la tecnología.

La implicancia de esta investigación es que una cultura que valora la tecnología, integra la tecnología desde temprano a su sistema educativo formal y tiene un clima político que alienta la utilización confortable de la tecnología, lleva a su población a tener una buena disposición hacia la tecnología. En contraste, un país como el Perú que carece de una clara identificación cultural o política con la tecnología, poca o ninguna exposición educativa temprana a la tecnología y una infusión «de arriba a abajo” de la tecnología, lleva a la confusión tecnológica, el miedo y la sensación de aislamiento respecto a la tecnología. Así, la transición a la modernidad tecnológica del país demanda un acceso temprano y universal a la tecnología.

 

Estudio identifica factores de resiliencia para mitigar el agotamiento y angustia psicológica en estudiantes universitarios en Singapur. 8 de marzo de 2021 Universidad de Yale-NUS