Diez “no-mandamientos” para los ministerios de educación

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¿Qué NO hay que hacer en educación? Diez no-mandamientos (León Trahtemberg)
En América Latina y organismos internacionales se discute mucho qué hay que hacer en educación, pero no se toma conciencia suficiente de lo que NO HAY QUE HACER en educación. 
Sugiero diez “no-mandamientos”.   
 
1). Asumir que las leyes y reglamentos producen y/o controlan calidad, especialmente cuando son elaboradas por políticos y funcionarios ministeriales que no tienen los pies metidos en la escuela y legislan para los escritorios. Lo único que hacen es matar la creatividad de los que tienen potencial innovador. 
 
2). Asumir que el ministerio de educación puede funcionar como un archipiélago de unidades ministeriales que no necesitan dialogar entre sí y articularse como requisito para proponer algo coherente. Por ejemplo si el equipo que ve currículo no dialoga con el que ve formación docente, textos y materiales, evaluación de docentes, medición de calidad, presupuesto, etc..

3). Asumir que la visión del sistema educativo es lograr prioritariamente que los alumnos respondan bien a pruebas de matemáticas y lectura, además de construir colegios, y hacer girar todo el esfuerzo educativo y presupuestal en torno a eso convirtiendo a los alumnos en tomadores de pruebas y al liderazgo del ministerio en promotor de construcciones. La sociedad se identifica con lo que se evalúa y publica por lo que todos los otros valores y aspiraciones educativas quedan fuera de juego.

4). Asumir que los parámetros de la especialidad que usualmente usan los economistas y  administradores (muchos de los cuales  imaginan un sistema uniforme, estandarizado, “deshumanizado”, lleno de indicadores, controles, mediciones  y criterios de costo beneficio) deben prevalecer sobre los de los educadores (que si son bien formados  se preocupan por el desarrollo de cada individuo asumido como único y diferente y que poseen los saberes sobre cómo aprenden los alumnos y cómo crear un clima de convivencia sana en la escuela)  

5). Asumir que se puede formar y capacitar profesores como si fueran obreros de la educación, que reciben todo normado, prescrito y controlado desde fuera, con evaluaciones  masivas informatizadas que deshumanizan al evaluado, en un esquema asimétrico en el que no tienen voz ni voto frente a las autoridades que deciden todo por ellos; pero a la vez en cuanto a los alumnos, pretender formarlos como personas autónomas,  innovadoras, de pensamiento libre y crítico, auto-disciplinadas, solidarias, que se van formando para ser partícipes responsables de una sociedad democrática en la que tienen voz y voto.

6). Imponer reformas curriculares en contra de la opinión de analistas, especialistas y particularmente los maestros, más aún cuando hay una tradición de divorcio entre los documentos ministeriales y las realidades del aula, y particularmente cuando no se han acumulado evidencias a partir de pilotos voluntarios de que la nueva propuesta resuelve significativamente los problemas que existían en la anterior 

7). Asumir que lo que los expertos curriculares del ministerio no son capaces de integrar interdisciplinariamente, por lo que insisten en segmentar el currículo en tantas áreas o cursos como especialistas contratan (matemáticas, física, química, biología, economía, historia, geografía, literatura, comunicaciones, educación física, arte, inglés, etc.) lo podrán integrar los alumnos por su cuenta, por arte de magia y eso les permitirá comprender cabalmente los fenómenos naturales y la vida social. Por ejemplo, entender el cáncer, o los transgénicos,  o la alimentación sana, la conducta ética, ¿es física? ¿química? ¿biología? ¿geografía? ¿literatura? ¿historia? ¿economía? ¿religión? ¿educación cívica? ¿educación física? ¿arte? ¿o es un todo que incluye todas esas aristas por lo que no puede pretender segmentarse o asignarse a una sola área?       

8). Asumir que lo fácil de medir es lo más importante. Usualmente se declara que lo más importante de la vida escolar es formar ciudadanos informados y comprometidos, con alta autoestima, guiados por una reflexión ética, creativos e innovadores, poseedores de habilidades y sensibilidades sociales y medioambientales. Sin embargo, se evalúa y publicita pruebas censales de matemáticas y lectura, generando una enorme presión hacia esas áreas, dejando todo lo otro de lado, simplemente porque esas áreas son más fáciles de medir usando metodologías de evaluación tradicionales.        

9). Asumir que se puede innovar sin estímulo a la innovación. En todo el mundo la innovación escolar ocurre en las escuelas, no en los ministerios. Pero ¿cómo se va a innovar si es que se desalienta la innovación en nombre del control de calidad a través de normas asfixiantes y sancionadoras que se convierten en el principal freno a la innovación? 

10). Dejar de escuchar a quienes piensan diferente. Lo usual en quienes están en el poder es paulatinamente aislarse de todo aquel que discrepa, etiquetarlos como opositores, y encerrarse con los ayayeros y las argollas de funcionarios o consultores que solo buscan defender su continuidad pero cuyo verdadero valor uno descubre cuando deja la función. Una vez escuché alguien decir “si el asesor y el asesorado piensan igual, uno de ellos está de más”. No asumirlo, es el décimo “no mandamiento”.

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