Por fin una institución representativa y respetada como el Consorcio de Centros Educativos Católicos del Perú ha decidido expresar públicamente una preocupación que desde hace años comparten directores, docentes y especialistas en educación: la creciente burocratización del sistema educativo peruano.

Su pronunciamiento tiene especial relevancia porque no proviene de un grupo aislado ni de una voz marginal. Proviene de una organización que agrupa a numerosas instituciones educativas y que conoce de primera mano las exigencias reales de gestionar escuelas y acompañar aprendizajes.

Lo que señala el comunicado es algo que muchos observamos desde hace tiempo. Cada nueva norma, reglamento, informe, formato, declaración o exigencia administrativa emitida por el Ministerio de Educación parece partir de la premisa de que más control produce mejor educación. Sin embargo, ocurre exactamente lo contrario. Se consume tiempo, energía y recursos en satisfacer requerimientos burocráticos mientras se descuida lo esencial: enseñar, innovar, acompañar y mejorar los aprendizajes.

Los sistemas educativos más avanzados del mundo avanzan hacia una mayor autonomía escolar, confianza en los profesionales de la educación, flexibilidad curricular e innovación pedagógica. Nosotros, en cambio, parecemos empeñados en recorrer el camino inverso, reforzando un modelo centralista, reglamentarista y desconfiado.

Por eso resulta valioso que el CCEC haya decidido intervenir en este debate. Porque la discusión ya no es solamente sobre un reglamento específico. Es sobre una visión de país. Es decidir si queremos una educación que libere el talento de estudiantes y educadores o una que continúe atrapada en una maraña de procedimientos que confunden control con calidad y burocracia con mejora educativa.

Queda ahora un desafío para el Consorcio de Centros Educativos Católicos del Perú: mantener activa su voz y su presencia en el escenario público. Un pronunciamiento aislado puede llamar la atención; una participación sostenida puede influir en las políticas públicas. La experiencia peruana muestra que reclamar por una mejor educación en voz baja, entre especialistas o en reuniones privadas, tiene escaso impacto. Así ha ocurrido durante gran parte del último siglo. Si se quiere contribuir a revertir el estancamiento educativo, será necesario sostener el debate, convocar aliados, formular propuestas y defenderlas públicamente. La educación peruana no cambiará mientras quienes conocen sus problemas guarden silencio y quienes los provocan sigan teniendo el monopolio de la palabra pública.

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