LEÓN TRAHTEMBERG: “La educación peruana necesita valentía para innovar”. Entrevista de Mario Vallejo a León Trahtemberg publicada en “New York Hispano”, edición del 6 al 19 de noviembre de 2026, páginas 12 y 13.  https://newyorkhispano.net/edicion-digital-6-noviembre-2026/?utm_source=chatgpt.com

El reconocido educador analiza los problemas estructurales de la educación peruana y plantea los cambios que considera necesarios para transformar las escuelas.

Introducción

León Trahtemberg no se calla nada. La educación en el Perú vive una permanente crisis, en todo el sentido de la palabra, desde la familia, los alumnos, el educando, la escuela, el Estado, y los desafíos son grandes, grandísimos, casi utópicos, pero no imposibles, y en esta entrevista lo abordamos con ocho preguntas que nos abre un abanico de posibilidades, pero que nos aterriza de golpe: la gestión pública, las brechas educativas, la formación docente, la inteligencia artificial, la convivencia escolar, la burocracia y el futuro laboral de los jóvenes.

En esta nota para New York Hispano, cuestiona el exceso de burocracia y los modelos educativos uniformes, y defiende una mayor autonomía para las escuelas, la innovación pedagógica y una educación que enseñe a los estudiantes a pensar por sí mismos.

Además, propone cinco prioridades para los próximos diez años, con énfasis en la conectividad, la autonomía escolar, los proyectos innovadores y la transformación de la formación docente.

Una conversación para reflexionar sobre el presente y el futuro de la educación, y sobre las decisiones que el Perú necesita discutir para formar a las próximas generaciones.

Entrevista

  1. El problema estructural de la educación peruana

MV: Después de décadas de reformas, ¿cuál considera que es el principal problema estructural de la educación peruana? ¿Estamos ante una crisis de aprendizajes, de gestión pública, de formación docente o de visión política sobre el papel de la educación?

LT: El principal problema de la educación peruana es una crisis de visión y de valentía para innovar. Tenemos un sistema educativo cobarde, adicto a tres drogas de las que no se atreve a desprenderse. La primera es su dependencia de las pruebas estandarizadas, como PISA y las evaluaciones censales, que terminan condicionando lo que se enseña y lo que se considera aprender. La segunda es su apego a un currículo convencional, organizado en disciplinas desde hace más de 150 años, cuando los problemas de la vida real son esencialmente interdisciplinarios.

La tercera es el burocratismo, el reglamentarismo y el afán de control, que asfixian la autonomía indispensable para innovar.

Así, las escuelas son tratadas como si fueran sucursales de una franquicia administrada desde el Ministerio de Educación, en lugar de convertirse en espacios de innovación y excelencia. Romper estas dependencias exige coraje político, porque supone desafiar intereses creados y las comodidades de padres, docentes, funcionarios y gobernantes.

Sin esa valentía, seguiremos haciendo más de lo mismo, maquillado con retoques académicos que se presentan como grandes reformas.

  1. Responsabilidad política en la crisis educativa

MV: Los gobiernos suelen presentar la educación como una prioridad, pero los problemas persisten. ¿Qué responsabilidades concretas tienen el Poder Ejecutivo, el Ministerio de Educación y el Congreso en la continuidad de esta crisis? ¿Qué decisiones políticas deberían cambiar urgentemente?

LT: El primer error es creer que la educación puede transformarse desde el Ministerio de Educación. La educación forma parte de un ecosistema político, económico y social que no puede reformarse desde un ministerio aislado. Para que exista una verdadera transformación educativa deben estar alineadas las visiones del presidente de la República, el primer ministro, el ministro de Economía, el presidente del Congreso y el presidente de su Comisión de Educación. Sin esa convergencia, el ministro de Educación queda reducido a administrar lo existente, sin capacidad real para impulsar cambios estructurales.

Pero hay un segundo problema: tenemos un Estado que administra miedos en lugar de construir confianza. Su respuesta habitual es multiplicar reglamentos, controles y prohibiciones, tratando a directores y docentes como sospechosos permanentes. Necesitamos sustituir esa cultura de desconfianza por autonomía responsable, innovación y evaluación posterior. Mientras no exista una visión compartida desde las más altas instancias del poder y el coraje político para romper con el centralismo, cada ministro seguirá administrando más de lo mismo, aunque lo presente como una reforma.

  1. Brechas educativas entre Lima y las regiones

MV: Las diferencias de oportunidades entre estudiantes de Lima y las regiones, así como entre zonas urbanas y rurales, continúan siendo un desafío. ¿Cuáles son las causas principales de estas brechas y qué medidas permitirían reducirlas de manera efectiva?

LT: Hay un error de origen en la manera de abordar las brechas educativas: asumir que existen dos mundos homogéneos, la educación pública y la privada, o la urbana y la rural. Esta clasificación simplista es profundamente perjudicial porque invisibiliza la enorme diversidad de realidades, necesidades y posibilidades que existen dentro de cada categoría. Incluso establecer dónde termina lo urbano y comienza lo rural resulta problemático. No hay dos escuelas iguales, porque tampoco lo son sus estudiantes, docentes, familias ni comunidades. Sus contextos culturales, sociales, económicos y geográficos son diferentes.

Por eso, la verdadera unidad de transformación educativa debe ser cada escuela, dotada de suficiente autonomía para construir su propuesta pedagógica según su propia realidad. El Estado debe garantizar recursos, condiciones básicas y acompañamiento, pero abandonar la pretensión de imponer modelos uniformes. La equidad no consiste en tratar igual a escuelas diferentes, sino en dar a cada una las condiciones y la libertad necesarias para responder a las necesidades de sus estudiantes.

  1. Formación y reconocimiento de los docentes

MV: ¿Qué cambios necesita la formación inicial y continua de los docentes peruanos? ¿Cómo podemos elevar la calidad de la enseñanza, fortalecer el reconocimiento profesional de los maestros y garantizar que los estudiantes reciban una educación de calidad?

LT: Hay un principio fundamental que solemos ignorar: la transitividad de la experiencia de aprendizaje. Un futuro maestro tiende a enseñar como fue enseñado: durante su formación universitaria o en el instituto, no solo adquiere teoría, también vive una experiencia como estudiante y observa modelos de docencia que después reproduce. Por eso, no se trata de formar docentes innovadores con clases memorísticas y autoritarias, sino de que los propios espacios formadores encarnen la pedagogía que esperan que sus egresados practiquen.

Por eso hay otro problema igual de grave: el controlismo, reglamentarismo y burocratismo ministerial que limita su iniciativa y muchas veces los empuja a abandonar la profesión. Mejorar la formación docente implica cambiar cómo se enseña a enseñar, y dar autonomía real para que los buenos maestros desplieguen su talento.

  1. Inteligencia artificial y educación

MV: La inteligencia artificial está transformando la manera de aprender, trabajar y acceder al conocimiento. ¿Está preparado el sistema educativo peruano para este cambio? ¿Cómo deberían incorporarse estas herramientas sin profundizar las desigualdades ni reemplazar el pensamiento crítico?

LT: La primera obligación de cualquier gobierno es garantizar conectividad universal, con suficiente ancho de banda. En el mundo actual, el acceso a internet es una condición indispensable para la equidad educativa. Pero el desafío principal no es tecnológico, sino pedagógico. No se trata de enseñar a los alumnos a utilizar la inteligencia artificial para reproducir respuestas, sino para producir conocimiento, desarrollar su creatividad y fortalecer su pensamiento crítico.

Los estudiantes deben aprender a interpretar a la IA, contrastar sus respuestas, verificar fuentes, identificar sesgos y estereotipos, y formular preguntas que expresen su propia curiosidad. Al investigar un problema, lo fundamental no es solamente qué responde la inteligencia artificial, sino por qué el alumno eligió ese problema, qué preguntas decidió formular, cómo evaluó las respuestas y qué conclusiones construyó. La inteligencia artificial debe incorporarse a la escuela como una transformación pedagógica, no como una asignatura tecnológica.

  1. Violencia escolar, acoso y convivencia

MV: La violencia escolar, el acoso, los problemas de convivencia y las dificultades emocionales afectan a numerosos estudiantes. ¿Qué papel deberían cumplir las escuelas, las familias y el Estado para construir entornos seguros y favorables para el aprendizaje?

LT: La convivencia escolar no puede construirse desde una educación individualista, donde cada alumno se preocupa exclusivamente por su propio bienestar. Necesitamos una educación colaborativa en la que el bien común sea un valor central y todos se sientan responsables del bienestar de los demás. En ese contexto, el papel de los testigos del acoso escolar es decisivo. La violencia no involucra solamente a quien agrede y a quien es agredido. También interpela a quienes observan, callan, celebran o deciden intervenir. Una comunidad educativa saludable forma alumnos capaces de reconocer una injusticia, no ser cómplices del maltrato y actuar solidariamente, buscando ayuda cuando sea necesario. Las familias deben reforzar esos valores y las escuelas construir una cultura de cuidado mutuo, con normas claras y participación estudiantil. El Estado debe respaldar a las instituciones que intervienen responsablemente.

La verdadera convivencia no consiste solamente en evitar que los alumnos se hagan daño, sino en formar personas que no permanezcan indiferentes cuando otros sufren.

  1. Calidad educativa y desigualdades entre colegios

MV: En el Perú existe una marcada diversidad de instituciones educativas públicas y privadas. ¿Qué factores explican las diferencias de calidad entre ellas y qué políticas permitirían garantizar una educación de calidad sin que las oportunidades dependan del nivel económico de las familias?

LT: Antes de comparar colegios públicos y privados, debemos definir qué entendemos por calidad educativa. Uno de los grandes errores de nuestro sistema es haber convertido los puntajes de las pruebas estandarizadas, nacionales e internacionales, en sinónimo de calidad. Una escuela no es mejor porque obtiene puntajes más altos en PISA o en las evaluaciones nacionales. Esas pruebas miden la capacidad de responder a ciertas preguntas disciplinarias en 2 horas, pero no el conjunto de capacidades que una educación integral debe desarrollar.

La verdadera calidad educativa debe evaluarse por la capacidad de cada escuela para cumplir los propósitos de su propio proyecto pedagógico, responder a las necesidades de sus estudiantes y favorecer su desarrollo integral. Tener más recursos es una ventaja, pero no garantiza una mejor educación. Lo decisivo es que cada institución tenga autonomía, libertad y recursos suficientes para construir una propuesta pertinente a su contexto. La calidad no consiste en alcanzar determinados puntajes, sino en cumplir propósitos educativos valiosos y desarrollar al máximo el potencial de cada estudiante.

  1. Educación secundaria, formación superior y futuro laboral

MV: Muchos jóvenes terminan la educación secundaria sin tener claras sus oportunidades de formación o inserción laboral. ¿Cómo debería articularse la educación escolar, la formación técnica, la educación superior y las necesidades del mercado laboral sin reducir la educación a una preparación para conseguir empleo?

LT: El gran error de la orientación vocacional tradicional es presentar el futuro profesional como una autopista de una sola dirección: elegir una carrera, ingresar a una universidad, obtener un título y ejercer esa profesión durante toda la vida. Ese mundo está desapareciendo. Nadie puede asegurar cuáles profesiones existirán, cómo se transformarán las actuales, cuánto durarán los empleos ni qué nuevas oportunidades surgirán con la inteligencia artificial y los cambios tecnológicos. Por eso, la orientación vocacional debe enseñar a los jóvenes a imaginar escenarios alternativos y construir un menú de opciones, en lugar de apostar todo a una única elección. Deben explorar intereses, talentos, oficios, carreras técnicas, estudios universitarios y posibilidades de emprendimiento, entendiendo que sus propias vocaciones también cambiarán.

Necesitamos trayectorias educativas flexibles, con entradas, salidas y retornos entre institutos, universidades y mundo laboral. El éxito de la orientación vocacional no consiste en acertar hoy con la profesión del futuro, sino en preparar a los jóvenes para desenvolverse en futuros inciertos, elegir entre distintas rutas y reinventarse tantas veces como sea necesario.

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