Hace tiempo que vengo sosteniendo que la introducción de tabletas y laptops a los colegios fue un éxito de ventas de las empresas tecnológicas que avasallaron los criterios pedagógicos que más bien hubieran sostenido ser más prudentes ya que tal decisión podría ser contraproducente. Ahora el gobierno de Suecia se ha atrevido a reconocer ese error y ha dado un giro para retornar al lápiz y papel

Suecia está cambiando su modelo educativo hacia un enfoque más centrado en las necesidades formativas de los estudiantes, reduciendo el uso de pantallas (tabletas, laptops) y promoviendo libros, papel y escritura manual en las aulas. Esta decisión busca mejorar los niveles de alfabetización y competencia verbal, que han disminuido en los últimos años.

El gobierno argumenta que las herramientas digitales generan distracciones y dificultan la comprensión lectora, especialmente en niños pequeños. Por ello, ha eliminado la obligación de usar dispositivos en educación inicial, ha reducido drásticamente su uso en los distintos niveles educativos, ha prohibido los teléfonos móviles en las escuelas y está invirtiendo fuertemente en libros de texto.

Como era de esperarse, los expertos y empresas tecnológicas advierten que limitar el uso de tecnología podría afectar las habilidades digitales de los estudiantes, fundamentales para el mercado laboral, donde la mayoría de empleos requerirá competencias digitales. Sin embargo, no suelen señalar que esta postura también responde a intereses comerciales vinculados a la venta de sus productos, ni consideran que los estudiantes seguirán utilizando dispositivos en su vida cotidiana, sin necesidad de que la escuela refuerce ese consumo. Asimismo, muchas de las habilidades digitales requeridas en la educación superior o en el trabajo pueden adquirirse en los últimos años de escolaridad, sin que sea necesaria la incorporación intensiva de estas tecnologías desde la educación inicial.

Además, aunque algunos estudios muestran que el uso excesivo de pantallas puede afectar el rendimiento académico, diversas investigaciones han señalado que la sobreexposición a dispositivos digitales está asociada con una menor capacidad de concentración, una lectura más superficial y dificultades en la retención de información. Esto se debe, en parte, a que los entornos digitales fomentan la multitarea y la fragmentación de la atención, lo que reduce la profundidad del procesamiento cognitivo. Asimismo, la lectura en pantalla suele implicar un escaneo rápido del contenido, en lugar de una lectura reflexiva, lo que impacta negativamente en la comprensión lectora y el pensamiento crítico. En edades tempranas, además, se ha advertido que el uso intensivo de pantallas puede interferir con el desarrollo del lenguaje, la memoria y otras funciones cognitivas clave. También es relevante la función neuropsicológica del uso de lápiz y papel para las coordinaciones mano/ojo, la reflexión, la expresión más abierta de pensamientos y sentimientos.

Un acceso moderado a herramientas digitales en grados superiores puede ser beneficioso si se utiliza con objetivos pedagógicos claros y si se procura prescindir de ellos para todo aquello para lo cual no son realmente necesarios, ya que sin ellos se ponen en juego capacidades y habilidades que quedan marginadas o anestesiadas cuando se recurre de forma automática a los dispositivos digitales, como la memoria operativa, la escritura reflexiva, el razonamiento secuencial y la capacidad de sostener la atención durante períodos prolongados. En este sentido, el uso selectivo de la tecnología no solo evita la dependencia, sino que también permite preservar y fortalecer procesos cognitivos fundamentales para un aprendizaje profundo y autónomo.

Lo valioso de la postura sueca está en su capacidad de revisar críticamente las “innovaciones” introducidas en aras de mejorar la calidad de la educación, así como en su disposición a monitorear sus efectos reales y evaluar si cumplen con los objetivos propuestos. Y, de no ser así, en su voluntad de rectificar el rumbo, entendiendo que avanzar no siempre implica incorporar más tecnología, sino también saber retroceder cuando es necesario. Es decir, desistir de una innovación que no produce los resultados esperados y apostar por replanteamientos que permitan dar pasos verdaderamente significativos hacia adelante. Quién sabe si, desde el inicio, los gobiernos y ministerios de educación se hubieran tomado el trabajo de consultar a los pedagogos más lúcidos u observar de cerca lo que estaba pasando con los aprendizajes; quizás no habrían optado de manera tan temprana y acrítica por la vía tecnológica, y habrían sostenido con mayor solidez y convicción una orientación genuinamente pedagógica.

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Noticia: Suecia vuelve al lápiz y papel: por qué uno de los países más tecnológicos de Europa está reduciendo la educación digitalv Maddy Savage, Nacka, Suecia 17 abril 2026e https://www.bbc.com/mundo/articles/c1eqqwgypdno

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